El viaje hacia Khyren fue más silencioso de lo que Adelia esperaba. A medida que se adentraban en las tierras del este, los signos de vida humana se desdibujaban. Aldeas vacías, caminos rotos, animales muertos sin heridas visibles. Todo olía a magia negra. Pero no era como la que Marian manipuló una vez. Era más antigua. Más corrupta.
—Esto no es solo una grieta —dijo Cedric, frunciendo el ceño—. Es una enfermedad que se ha ramificado.
Ethan montaba su caballo en silencio, siempre un paso delan