El álbum de Elisa seguía abierto sobre la mesa, con aquella fotografía de mi madre adoptiva abrazada a ella, como un puente entre dos mundos que nunca debieron encontrarse. Había pasado la noche en vela, dando vueltas a la imagen, a las fechas, a las preguntas que no tenían respuesta. ¿Cómo era posible que mi madre conociera a Elisa? ¿Por qué nunca me lo había contado?
A la mañana siguiente, mientras Yerald atendía una reunión en su despacho, decidí volver a la biblioteca. No podía quedarme de