La mansión Pierro se había llenado de una luz diferente desde la reconciliación con Ximena. Era como si el perdón hubiera abierto una ventana que dejaba entrar el sol en cada rincón, disipando las sombras que habían habitado aquellos muros durante décadas. Mi abuela sonreía más, Thiago y Liana jugaban como hermanos, y yo... yo sentía que el corazón me pesaba menos, como si hubiera soltado una carga que llevaba demasiado tiempo.
Pero había algo que aún no se había dicho. Algo que Yerald y yo hab