Los días siguientes al reencuentro en la mansión Pierro fueron una mezcla de emociones encontradas. Yerald y yo habíamos establecido una nueva complicidad, una que no necesitaba contratos ni promesas. Pero la sombra de Octavio seguía presente, y sabía que, mientras él no fuera juzgado, no podría cerrar por completo el capítulo más oscuro de mi vida.
La noticia del juicio llegó una mañana, mientras desayunaba con mi abuela y Thiago. El licenciado Fuentes me llamó para informarme de que la fecha