La nota anónima seguía quemando en mi memoria como una brasa encendida. "Vete antes de que sea tarde." Las palabras se repetían en mi cabeza una y otra vez, pero no podía permitirme el lujo de huir. No cuando la verdad estaba tan cerca. Y no cuando Yerald me había prometido que no estaría sola.
Los días siguientes, él redobló su atención hacia mí. No de forma ostentosa, sino con pequeños gestos que decían más que cualquier palabra. Un café caliente en la mesa cuando bajaba a desayunar. Una mant