La noche de la gala había quedado grabada en mi memoria como un sueño del que no sabía si despertar. Las palabras de Don Rafael resonaban en mi cabeza una y otra vez: "Tiene un parecido sorprendente con los Pierro." Y la mirada de Yerald, esa mezcla de asombro y deseo que había visto en sus ojos, seguía persiguiéndome incluso en mis sueños.
Los días siguientes fueron extraños. Yerald y yo nos cruzábamos en los pasillos con una tensión que no sabíamos cómo manejar. Él me miraba como si quisiera