Los días posteriores al descubrimiento del recorte de prensa fueron un torbellino de emociones. Yerald había estado más presente, más atento, como si aquel abrazo en la biblioteca hubiera derribado una barrera que ninguno de los dos sabía que existía. Pero también había algo más, una tensión que flotaba en el aire cada vez que nos cruzábamos, como una corriente invisible que nos atraía y nos repelía al mismo tiempo.
Una tarde, mientras ayudaba a Thiago a dibujar en el jardín, la señora Ferreira