La noche en la terraza había dejado una huella imborrable en mi corazón. Las palabras de Yerald, el roce de sus dedos, la forma en que me había mirado... Todo eso había creado una grieta en el muro que había construido a mi alrededor. Pero también había despertado un miedo que no sabía cómo manejar. Porque si empezaba a confiar en él, si empezaba a sentir algo más que gratitud, ¿qué pasaría cuando todo terminara?
Los días siguientes fueron una mezcla de emociones contradictorias. Yerald y yo no