Un engaño que no se vió venir.
Lina, la madre de Lenin, acostumbrada a que su esposo estuviera más tiempo en casa, y hacer cosas juntos diariamente, lo echaba de menos.
— Lo siento cariño, estoy hasta el cuello de trabajo, me quedaré a trabajar en la compañía, te prometo que apenas tenga el tiempo te voy a compensar.
— Oh... Te extraño cariño, si necesitas ayuda puedo ir a la oficina.
— Está bien, no es necesario, aprovecha para salir con tus amigas, ir de compras, hacer algo que te guste. Esto no va a ser para siemp