Cuatro meses.
Eso marcaba el calendario mental de Adrián cada mañana al despertar. Cuatro meses desde que el miedo había aprendido a convivir con la esperanza. Cuatro meses en los que Valeria había encontrado un equilibrio frágil pero real: trabajaba desde casa, dirigía reuniones breves, tomaba decisiones con calma. Seguía siendo ella.
Y el embarazo… avanzaba bien.
Los médicos estaban cautelosamente optimistas. No había sangrados, no había dolores alarmantes, no había señales de alerta. El bebé