El trayecto del hospital al apartamento transcurrió en un silencio contenido. Valeria descansaba recostada en el asiento, con una manta ligera cubriéndole las piernas y los ojos cerrados, agotada pero tranquila. Adrián conducía con ambas manos firmes en el volante, atento a cada semáforo, a cada movimiento… y a cada pensamiento que no dejaba de golpearle la cabeza.
Las palabras del médico resonaban una y otra vez.
Embarazo de alto riesgo.
Reposo absoluto.
Estrés cero.
Y algo más…
Eso último no