El amanecer llegó sin estruendo, como si respetara lo que habían vivido la noche anterior. Valeria se levantó primero, preparándose para volver a la rutina que nunca se detenía. Se vistió con calma, con esa serenidad que solo queda después de una noche en la que el cuerpo y el corazón quedaron en paz.
Adrián la observó en silencio desde la cama.
Nada en ella era distinto, y aun así todo lo era.
El día los reclamó pronto. Reuniones, correos, decisiones, llamadas. Frente al mundo volvieron a ser