Valeria no esperaba verlo.
Estaba revisando unos documentos en la sala de reuniones del hotel cuando la puerta se abrió sin anuncio previo. Alzó la vista por reflejo… y el aire cambió.
Adrián Blackwood entró como si el lugar le perteneciera.
Traje oscuro, mirada firme, postura controlada. No sonrió. No necesitó hacerlo.
—Tenemos cinco minutos —dijo al equipo local—. Continúen.
Nadie cuestionó nada. Nadie preguntó quién era. Se notaba.
Valeria se puso de pie lentamente, el corazón golpeándole el