Helena no necesitó inventar nada.
Solo sugerir.
Todo comenzó con una frase dicha en el lugar correcto, al oído adecuado, con la sonrisa exacta.
—Adrián siempre ha sido muy reservado con su vida personal… aunque últimamente se le nota distraído —comentó durante un café informal con dos socias clave—. Supongo que cuando se trabaja tan de cerca con ciertas personas, es inevitable.
No dijo nombres.
No hizo acusaciones.
Pero dejó la puerta abierta.
El rumor empezó a caminar solo.
En la oficina, Valeria lo sintió antes de escucharlo. Las miradas duraban un segundo más. Las conversaciones se detenían cuando ella pasaba. Alguien dejó caer un comentario aparentemente inocente:
—Debe ser complicado trabajar tan cerca del CEO… con tanta confianza.
Valeria respondió con profesionalismo, pero por dentro el pulso se le aceleró. No por miedo. Por rabia contenida.
Adrián lo supo ese mismo día.
Un directivo, intentando parecer discreto, lanzó la bomba:
—Nada grave, solo… comentarios. Ya sabes cómo es