Daniel lo notó antes que nadie.
No fue por un anuncio oficial ni por un correo corporativo. Fue por la forma en que la oficina cambió de ritmo. Por las miradas nerviosas, por los pasillos más silenciosos, por esa energía contenida que solo aparece cuando alguien con verdadero poder está cerca.
—Blackwood volvió —murmuró alguien en voz baja.
Daniel levantó la vista desde su escritorio justo cuando Valeria pasaba con una carpeta en brazos. Su expresión era serena, pero él la conocía lo suficiente para notar la tensión en sus hombros.
—¿Estás bien? —le preguntó, poniéndose de pie.
—Sí —respondió ella sin detenerse—. Solo trabajo.
Daniel frunció el ceño.
No le gustaba esa respuesta.
Un par de horas después, la coincidencia dejó de parecer casual. En la sala de reuniones principal, Daniel se sentó deliberadamente junto a Valeria. No por necesidad técnica. Por mensaje.
Apoyó el antebrazo en el respaldo de su silla. Cercano. Visible.
Cuando Adrián entró, lo vio al instante.
No cambió el gest