Valeria llegó al café unos minutos antes.
Eligió una mesa al fondo, cerca de la ventana. Necesitaba ver la calle, sentir que el mundo seguía moviéndose mientras ella tomaba una de esas decisiones que cambian la forma de caminar por la vida.
Cuando Daniel entró, la vio de inmediato. No sonrió de más. No parecía ansioso. Solo… presente.
—Hola —dijo al sentarse frente a ella.
—Hola —respondió Valeria.
Pidieron café. Ninguno habló hasta que las tazas estuvieron entre ellos, humeantes, como un límite amable.
—Gracias por querer hablar —dijo Daniel primero—. Sea lo que sea.
Valeria asintió.
—Te debo honestidad —empezó—. Y respeto. No quiero hacerte perder el tiempo.
Él sostuvo su mirada, firme.
—Por eso estoy aquí.
Valeria respiró hondo.
—Lo que siento por ti es real. Me haces bien. Me escuchas. No me pides que me defienda ni que me explique constantemente.
Daniel no interrumpió.
—Pero también sería una mentira decirte que mi historia anterior está completamente cerrada —continuó—. No porqu