Valeria llegó al café unos minutos antes.
Eligió una mesa al fondo, cerca de la ventana. Necesitaba ver la calle, sentir que el mundo seguía moviéndose mientras ella tomaba una de esas decisiones que cambian la forma de caminar por la vida.
Cuando Daniel entró, la vio de inmediato. No sonrió de más. No parecía ansioso. Solo… presente.
—Hola —dijo al sentarse frente a ella.
—Hola —respondió Valeria.
Pidieron café. Ninguno habló hasta que las tazas estuvieron entre ellos, humeantes, como un límit