Valeria no se dio cuenta de que Daniel estaba dando un paso más claro… hasta que dejó de ser sutil.
Fue un viernes por la tarde. El proyecto había cerrado una etapa importante y el equipo se dispersaba poco a poco. Valeria guardaba sus cosas cuando Daniel se apoyó en el marco de su oficina, sin prisa.
—¿Tienes planes esta noche? —preguntó.
Ella levantó la vista.
—Nada concreto.
—Bien —dijo él, sin rodeos—. Porque me gustaría invitarte a cenar. No como compañeros. No como celebración de trabajo.