La noche había avanzado sin que ninguno de los dos se diera cuenta.
El evento había terminado, las luces del salón se habían apagado y el murmullo de la ciudad se filtraba apenas por las ventanas del hotel. Valeria permanecía sentada en el borde del sofá de la suite asignada para cerrar asuntos finales del proyecto. El vestido colgaba olvidado en el respaldo de una silla; ahora llevaba una blusa sencilla, el cabello suelto, el cansancio a flor de piel.
Adrián estaba de pie, cerca de la venta