El resto del día avanzó como si nada hubiera ocurrido.
Valeria cumplió con cada tarea, respondió correos, revisó informes, corrigió cifras. Desde fuera, era la profesional impecable de siempre. Por dentro, algo comenzaba a resquebrajarse con una calma peligrosa.
No era la noche anterior.
Era el después.
Ese vacío extraño que llegaba cuando se obligaba a ser fuerte demasiado tiempo.
En un descanso, se refugió en el pasillo exterior del hotel. El aire frío le quemó los pulmones y agradeció el dolor físico: al menos era claro, concreto.
Apoyó los codos en la baranda, cerró los ojos.
No pasó nada, se repitió.
Y aun así, sentía que había perdido algo.
—El proyecto cambió de fase —dijo una voz detrás de ella.
No necesitó girarse para saber que era Adrián.
—Lo sé —respondió—. Vi el mensaje del comité.
Él se colocó a su lado, manteniendo una distancia correcta. Profesional.
—Los s