El segundo encuentro no fue casualidad.
Fue consecuencia.
Valeria lo supo en cuanto recibió la invitación a la mesa redonda privada que cerraría el foro. Un grupo reducido, nombres estratégicos, conversaciones que no quedarían registradas. Adrian estaría allí. No porque lo hubiera buscado, sino porque ambos ocupaban, les gustara o no, espacios que terminaban cruzándose.
Aceptó.
No por él.
Por ella.
El salón era más pequeño, la luz más baja. El ambiente invitaba a hablar con franqueza, a medir m