El edificio era exactamente como lo recordaba.
El mismo mármol oscuro.
Las mismas columnas imponentes.
El mismo silencio que parecía observarte mientras caminabas.
Pero esta vez no entré sola.
Adrian caminaba a mi lado, un paso adelante, marcando el ritmo sin mirarme. Traje negro impecable, expresión contenida, mandíbula tensa. Nadie se atrevía a cruzarse en nuestro camino. A donde él iba, el mundo se abría.
Yo sentía el peso del pasado en cada paso.
—Aquí fue —dijo de pronto, deteniéndose fren