Valeria respiraba hondo mientras caminaba por la entrada de la casa de su familia. Por fin tenía unos momentos para sí misma, para abrazar a sus padres y sentir el calor de un hogar que, por meses, había estado lejos de ella. La tensión de su vida con Adrian parecía desvanecerse, aunque solo fuese por unas horas.
Lo que Valeria no sabía era que Adrian la observaba de lejos, vigilando cada movimiento sin que ella lo notara. Un coche discreto, estacionado a varias calles de distancia, le permitía