El apartamento estaba en silencio, salvo por el sonido lejano de la ciudad y la respiración contenida de ambos. La tensión que los envolvía desde hace días parecía haberse intensificado al límite. Adrian estaba cerca de Valeria, su cuerpo rozando el de ella, su aliento cálido en la nuca, cada gesto cargado de posesión y deseo.
Valeria se apartó apenas, tomando distancia y cruzando los brazos. Sus ojos reflejaban determinación, pero también una mezcla de miedo y pasión que la hacía irresistible