Isabella Moretti no creía en las coincidencias.
Por eso, cuando se plantó frente al escritorio de Adrian Blackwood a primera hora de la mañana siguiente, lo hizo con la seguridad de alguien que ya había entendido demasiado.
—Tenemos que hablar —dijo, cerrando la puerta tras de sí.
Adrian no levantó la vista de la pantalla.
—Si es sobre el cóctel, fue impecable —respondió—. Los inversionistas quedaron satisfechos.
—No hablo del cóctel —replicó ella—. Hablo de Valeria.
Eso hizo que él se detuvier