Mundo ficciónIniciar sesiónDANIEL
—Sabes que desde siempre he valorado a tu familia y a ti. —Daniel, eso lo sé; mi padre te quiere mucho también, y mi madre te adoró hasta el último día de su vida; tú eras como un hijo para ella. —Me duele todavía su ausencia; yo la amaba como a una madre y su padre es el hombre más importante en mi vida; es que éramos casi como familia. —Ya sé hacia dónde te diriges, ya sé qué sigue en tu plan; volverás a lanzar tu telaraña hecha con tus palabras pegajosas, me dirás otra vez que eras mi mejor opción porque mi familia te quería y yo te contestaré por enésima vez que quizás por eso no pude quererte como hombre, porque también te veo como un hermano; eso sería un incesto. —Lo que dices es hiriente y cruel, como un cuchillo oxidado. Siempre he tenido amor por ti, por eso me acerqué a tu familia, cambié mi religión y mi partido político, toleré a tus primos pesados y todo con el fin de estar contigo; pero entonces llegó Danilo Morales, actuando como un tornado que dio vuelta nuestro paraíso y se quedó con tu corazón. —Ja, ja, ja, no estoy seguro si eres muy tonto o muy gracioso. En vez de comportarte de manera tan alocada, debiste actuar como él lo hizo: ir directo al grano. Me miró en el club, se acercó y empezó a hablarme; me coqueteó e insinuó cosas. —No, Ángela, no comprendo cómo ese idiota logró en unas semanas lo que yo no conseguí en años. —Es sencillo: mientras tú nunca me diste a entender que te interesaba algo serio, él desde el primer día me dejó claras sus intenciones amorosas. —Lo que yo quería era ir a la fija, establecer una relación desde el principio; en primer lugar, ser tu amigo y después, tras un instante mágico, dejar que nuestro amor se desarrollara en una relación que toda tu familia celebrara. —Eres muy romántico y lindo, pero eres mi amigo más cercano y no podemos tener una relación que perjudique nuestra amistad. —Eso ni tú te lo crees. —Ja, ja, ja. Me conoces muy bien; el problema es que eres algo anticuado. Ya no hay más el tiempo en que las doncellas permanecían atrapadas en las torres a la expectativa de que su príncipe azul llegara a liberarlas. —Lo sé, las princesas ahora se han convertido en brujas. —Una princesa se convierte en bruja después de estar casada con su príncipe azul durante más de tres años; su marido también va perdiendo color, los músculos se le deshacen y la espada se le arquea. —Entonces, lo que tenía que hacer era solicitártelo la primera vez que te vi. —Quizá habrías conseguido más de lo que has hecho hasta el momento; menos mal que no somos árabes, si no, te lo habrías cortado. —No creo que eso sea un concepto válido, pero no me gusta corregir y, por lo tanto, aquí está mi propuesta: quiero que nos mudemos juntos. —¿Es un chiste? —No, por supuesto que no. —Es otra de tus ideas. ¿Por qué tendría que vivir contigo? No estoy en la desesperación, ni mucho menos en necesidad. —Probablemente no ahora, pero tal vez sí en un futuro cercano. —Ahora está de regreso el maestro Daniel, un clarividente con mucha experiencia en ver el futuro y que une a los seres queridos. Ja, ja, ja. —Por supuesto, mi bella Ángela, no olvides que soy el asesor legal de tu papá y del pesado de tu esposo, y que tengo mucha información; además, los cubro por mi puesto en el gobierno. —Sí, mi padre me ha mencionado algo sobre eso, pero sostiene que confía más en ti que en su urólogo. —Ese es el problema: el urólogo lo escarba algunas veces al año, mientras que yo estoy inmerso en lo más profundo de su ser cada hora, día y noche. —Parece que ahora estás usando tu carta final, la del maestro de los chantajes. —No lo mires de ese modo, míralo como una oportunidad, algo que resulta ventajoso para las dos partes. Tú me das calor y yo tranquilidad a ti y a tu padre. —Eso no me importa; estoy consciente de que te hundirás junto con mi padre si él lo hace. —Es sencillo: si no te tengo a mí, no me importa hundirme; ya no puedo soportar esta prisión de celos y sufrimiento al ver cómo ese idiota te acaricia mientras se acuesta con otras mujeres. —Me fascina tu manera de ser un buen amigo, de esos que sonríen de frente y apuñalan por detrás. —No lo tomes así, siempre intenté advertirte. No me parecía justo que ese… señor te traicionara; el problema es que tenía una suerte inusual y no lograste captarlo… hasta ahora. —Y no fue por ti, lo supe a través de las redes sociales; eso fue horrible. —Cometiste un error al no controlar la situación; estuviste a punto de ir a la cárcel. —Todavía puedo, a no ser que… —¿A menos? —Una tontería de Danilo, aunque puede que tenga razón. —Lo sé, se lo recomendé. —¿Entonces esa maravillosa idea fue tuya? Debí haberlo supuesto; tengo que dejar que él ande con esa niña para no ser demandada. Sinceramente, no me parece correcto; preferiría terminar con él. —Sería lo mejor, pero no lo más ideal. —¿A qué te refieres, gran maestro de la intriga? —Linda, es fácil: mientras tú consientes nuestras sugerencias, te haces con todos los bienes que Danilo tiene a su nombre —y me refiero a absolutamente todos, porque yo, que soy su amigo de confianza, conozco cuáles son— y rescatas la compañía y el capital familiar. Estoy convencido de que en ese proceso nos enamoraremos verdaderamente. —No creo que sea factible, en este universo o en otro, enamorarme de alguien tan servil y odioso; es mejor que te ofrezca una comisión. —No soy servil, sino servicial. —Oh, Daniel, lo que quise decir fue vil, vil y manipulador. Te ofrezco el 15% de lo que logres ayudarme a recuperar. —Lo único que quiero es la totalidad de tu corazón. —Regresas a tus absurdas expresiones, clichés de caballero medieval. —Está bien; lo único que te solicito, lo único que deseo es un poco: quiero de la cintura hacia abajo y de las rodillas hacia arriba. —Qué sorpresa, lo que todos los hombres quieren. Yo te recomiendo que elijas el dinero; sospecho que no soy buena en la cama, ni siquiera para dormir. —Mi amigo Danilo no me decía eso. —Por algo me cambio por esa... —¿Esa? Vamos, la fea, no digas que no, no seas hipócrita. —No es tan fea, o buena, algo así, pero no existe fea sin su gracia y bella sin pero. —Es posible que tengas razón, tal vez ese monstrico tenga chupadera, jajaja. —¿Es decir que Danilo te contaba nuestras cosas más personales? —Claro que sí, somos los más cercanos y confiables; me lo contó todo, aunque no es mucho, es sustancial. —No es verdad, Danilo es muy reservado. —No conmigo, sé todo, incluso su método anticonceptivo particular: la eficaz puerta trasera. —Son ustedes dos unos asquerosos y poco hombres. —Excelente método, por el ano no hay enano; por detrás aprietas más, pero yo sí soy un hombre de verdad, déjame demostrarte; una vez que me pruebes, olvidarás a ese sinvergüenza de Danilo. —No es la primera vez que oigo a un gallo alardear de águila y luego no resulta ser más que un gallinazo, qué patético, aunque, pensándolo mejor, tu idea podría funcionar y de paso me vengo de ese asqueroso y le daño el ego de macho cabrío.






