La madrugada aún olía a jazmín y a secretos cuando Danilo, se levantó de la cama de Angie. Ella dormía con la serenidad de quien cree que el amor es eterno, mientras él se ponía la corbata como quien se coloca una soga invisible.
En la sala lo esperaba la madre de Angie, con un delantal floreado y una bandeja de arepas humeantes.
—Quédese a desayunar, mijito —dijo ella con voz melosa, casi suplicante—. Un hombre como usted necesita recuperar energía para todo lo que le toca trabajar.
Danilo int