ANGIE
La madre, con esa mirada que parecía un bisturí disfrazado de ternura, propuso:
—Don Danilo, aprovechando que está aquí, por favor, nos acompaña al cuarto de Angie. Es que necesitamos una opinión de cómo debemos pintar las paredes.
Danilo arqueó las cejas, desconfiado.
—Pues de rosado, es una mujer.
Angie lo cogió de las manos y con un pequeño salto le propuso: —De paso, conoce la casa.
La madre la secundó: —Mijo, camine, le mostramos nuestro humilde hogar.
Todos se levantaron de la mesa