Aquel contacto hizo que la chispa de la pasión recorriera sus torrentes sanguíneos, y solo quisieran estar uno más cerca del otro. Por el hecho de que la lujuria se hizo presente, las manos de Kael posaron sobre sus caderas, atrayéndola un poco más hacia su cuerpo. Astrea gimió su nombre en los labios, mientras que a él se le escapó un gruñido ronco del pecho.
Sus lenguas comenzaron una danza erótica, ella se puso de puntillas al mismo tiempo que se aferraba a sus hombros. Ya que necesitaba má