El frío de la piedra se filtraba a través de la delgada tela de su vestido. Eva se abrazó a sí misma, recorriendo con la mirada las paredes de aquella cámara subterránea donde Lucian la había confinado. La luz de las antorchas proyectaba sombras danzantes sobre los muros antiguos, revelando símbolos tallados en la roca viva. Runas. Protecciones. Prisión.
—Para mantenerte a salvo —había dicho él antes de cerrar la pesada puerta de hierro.
Pero Eva solo podía sentir el sabor amargo de la traición