El bosque se cerraba a su alrededor como una trampa viviente. Eva corría entre la maleza, con la respiración entrecortada y el corazón martilleando contra sus costillas. Las ramas arañaban su piel, pero el dolor físico era insignificante comparado con la tormenta que se desataba en su interior. Algo antiguo y poderoso pulsaba en sus venas, como si la sangre hubiera sido reemplazada por fuego líquido.
—¡Eva! —La voz de Lucian resonaba a lo lejos, persiguiéndola como un eco maldito—. ¡Detente! ¡N