El miedo tiene muchas caras. Lo he visto en los ojos de víctimas, en las expresiones de testigos, incluso en el rostro de criminales acorralados. Pero nunca había reconocido esta variante particular que ahora me atenazaba el pecho: el miedo a necesitar a alguien más que al aire.
Observé a Marcus dormir junto a mí, su respiración acompasada contrastando con mi insomnio. La habitación del hotel en Estambul, nuestro refugio temporal, estaba sumida en penumbras. Solo la luz tenue que se filtraba en