El desierto tiene una forma particular de desnudar el alma. Quizás sea el calor implacable que derrite las capas de protección, o tal vez la inmensidad del paisaje que hace que cualquier secreto parezca insignificante. Lo cierto es que mientras caminaba junto a Marcus bajo el sol abrasador, sentía que mis defensas se evaporaban como el sudor en mi frente.
Habíamos dejado el refugio temporal hace tres horas. Según Marcus, debíamos movernos constantemente para evitar ser rastreados. La paranoia s