Una prometida y una mujer embarazada.
El Alfa guió por unos pasillos a la humana, ella los seguía en silencio, lo sentía de mal humor y no quería provocarlo.
Lo vió que se detuvo frente a una puerta blanca con monturas doradas.
— Esta será tu habitación, pasa y ponte cómoda, te veré más tarde. — Había frialdad en las palabras del lobo, de pronto había desaparecido la calidez de su mirada. Volví a ser de nuevo ese hombre poderoso y frío que la doctora conoció en el hospital.
Los pensamientos de Ely desaparecieron cuando cam