Una oportunidad para el Alfa Gambino.
A media mañana la hermosa doctora ojiazul abría los ojos, ella había descansado lo suficiente, el vampiro se había encargado de mantenerla arropada, ella bajó de la cama con los pies descalzos, pero no importó mucho porque pisaba una alfombra que parecía ser la piel de un oso.
Elizabeth solamente vestía una bata de seda negra que le llegaba a media pierna, se enredó en un edredón y caminó hasta la ventana para mirar afuera. Ella se revisó, efectivamente ya no estaba sangrando, se sentía muy bi