Un lobito muy gruñón.
El Alfa bebía de un fino whisky a oscuras en el despacho, se imaginaba como podría ser su hijo, si se parecería a él, o si sacaría los cabellos platinados de su madre.
El rey pensaba que de cualquier forma sería bello, si tuviera los ojos azules de su luna estaría perfecto para él. Le habría gustado arrullarlo esa noche, hacerlo sentir bienvenido, y también querido.
Le podía muchísimo que fuera su rival milenario el que lo tuviera en sus brazos, porque era su cachorro, sangre de su sang