Bienvenido al mundo hijo mío.
En el castillo Gambino, el rey Damiano estaba tirado en medio de la enorme sala de estar con unos dolores insoportables en el abdomen.
— ¡Damiano, nos estás asustando, te estás revolcando del dolor! ¿Te habrán embrujado otra vez? Es que esto no es normal, vamos a llevarte al hospital.
— ¡Si, que te revisen los doctores, Damiano, no es común para un lobo sentir tanto dolor! ¡Massimo, ayúdame a cargar a Damiano!
— No, ya se me pasó, pero por la diosa luna que jamás había sentido un dolor