Un cachorro feo.
A los vampiritos le habían casado un jabalí, Vladimir y Dilan bebían de su sangre, ambos eran muy glotones.
— Procuren no ensuciarse tanto, o de lo contrario los vamos a bañar apenas lleguemos.
— No tengo demasiado frío, Pero aún así no me quiero bañar, solo limpiame con toallitas húmedas, papá.
— No entiendo porque no te gusta bañarte, Vladimir, los vampiros siempre debemos estar impecablemente limpios.
— Soy pequeño, a los niños no nos gusta bañarnos, ¿Qué quieres que te diga?
(...)
En el hospital, el tercer Alfa arrullaba a su cachorro en la habitación que reservó para su luna. El lobo estaba perdido de amor en el lobezno.
— Massimo, ¿Ya has pensado en un nombre para el bebé? — Loren preguntaba desde la camilla. Ella apenas tenía fuerzas para hablar, el parto había acabado con sus fuerzas.
— Si, he pensado en uno, escúchalo a ver si te gusta. El nombre de mi hijo será, Lorenzo Gambino. Creo que le va perfecto.
— Sin duda que si, mi amor, es perfecto para él