Quiero enfrentarme a la faraona.
Elizabeth asintió, abrazó al cachorrito que se quejó al instante que fue movido de los brazos de su padre.
El lobezno Dante, no estaba nada contento de ver a su madre cargar a su primo, pero lo toleró porque sabía que estaba lastimado.
La reina luna acariciaba al lobito mientras una luz divina emanaba de su mano y se pasaba al cuerpo afelpado del cachorro.
Poco a poco Eliot se fue recuperando, su mirada lamentable había cambiado.
— Emiliano calzate estos pantalones. — Massimo lanzó uno