Quiero enfrentarme a la faraona.
Elizabeth asintió, abrazó al cachorrito que se quejó al instante que fue movido de los brazos de su padre.
El lobezno Dante, no estaba nada contento de ver a su madre cargar a su primo, pero lo toleró porque sabía que estaba lastimado.
La reina luna acariciaba al lobito mientras una luz divina emanaba de su mano y se pasaba al cuerpo afelpado del cachorro.
Poco a poco Eliot se fue recuperando, su mirada lamentable había cambiado.
— Emiliano calzate estos pantalones. — Massimo lanzó unos pantalones de deportes color negro a su hermano. Aunque ellos estaban acostumbrados a la desnudez, seguían siendo muy posesivos y celosos de sus lunas.
El segundo Alfa se vistió aprisa, él y su luna no podían dejar de observar a su pequeña cría, Eliot lo era todo para ellos.
— ¡Listo, ya quedaste, estás completamente sano, mírate pequeño, estás tan regordeto y suave, eres tan hermoso!
Dante gruñó un poco, su madre estaba consintiendo a otro cachorro, eso no le gustaba nada.
La luna Yar