La fuerte atracción hacia tu destinado.
La loba sonrió, ese hombre era algo extraño.
— ¿A qué te refieres con que soy tu sueño dorado? — La jóven enarcó una ceja esperando respuesta.
— A que quería pertenecer al mundo extraordinario en el que ustedes viven, pero no me era posible por qué tenía que nacer de una madre, o de un padre lobo.
El ruso no preguntó si podía, él fue porque así lo quizo.
Al llegar a la calida habitación de la chica a, entonces el Pakhan preguntó.
— Pequeña loba, ¿No piensas decirme tu nombre?
— O