No conseguí dormir.
Lo intenté, de verdad. Me acosté, cerré los ojos y traté de convencerme de que mi cuerpo necesitaba descansar antes de continuar buscando respuestas. Incluso conté hacia atrás, como me había recomendado una sanadora cuando era pequeña y tenía pesadillas.
No funcionó.
Cada vez que cerraba los ojos, veía la puerta de la residencia Voss.
Veía el rostro de Cassian, su mirada desconfiada y la forma en que había pronunciado el nombre de nuestra madre. Recordaba sus palabras sobre