—No podemos asumir que sigue viva.
La voz de Maelis rompió el silencio.
Nadie respondió inmediatamente. Sobre la mesa permanecía el registro de la última asignación de Seraphine, junto a la marca de seis puntas y aquella orden que prohibía que volviera a tener contacto con nosotros.
Me resultaba difícil apartar la mirada de esa última palabra.
Cumplido.
Como si la vida de una persona pudiera resumirse en una casilla marcada.
—Tampoco podemos asumir que murió —respondí.
Maelis asintió.
—No he di