No dormí bien.
No porque tuviera miedo de que alguien entrara en mi habitación, aunque después de lo ocurrido con las fotografías y las notas anónimas aquella posibilidad ya no me parecía descabellada. Tampoco porque hubiera pasado la noche pensando en Seraphine, aunque su rostro se había quedado grabado en mi cabeza.
Lo que no me dejaba descansar era una frase.
La primera entrega no fue cancelada. Fue desviada.
Había algo especialmente cruel en esas palabras. Durante años había imaginado que m