No abrí el sobre aquella noche.
Fue una decisión que me costó más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Durante varias horas, me descubrí mirando el cajón del escritorio como si el papel pudiera salir por sí solo y explicarme qué contenía. En una ocasión incluso me levanté de la cama, caminé hasta allí y apoyé la mano sobre el tirador.
No lo abrí.
Volví a acostarme.
Cinco minutos después, repetí el proceso.
Astrynn terminó perdiendo la paciencia.
Si vas a abrirlo, ábrelo.
Estoy intentando ser p