El amanecer llegó demasiado pronto.
O quizá fui yo quien pasó la noche entera mirando el techo, contando las horas y preguntándome cuántas veces podía una persona imaginar el encuentro con alguien a quien nunca había conocido antes de empezar a perder la razón.
Había imaginado muchas posibilidades.
Cassian podía ser un muchacho asustado que no sabía nada de su origen. Podía ser un hombre que conocía la verdad y que había aprendido a odiar a las personas que se la habían ocultado. Podía estar en