—La llave no está en manos de quien custodia la puerta, sino de quien fue obligado a abandonarla.
Repetí la frase en voz baja.
Maelis mantenía abierto el cuaderno de su abuela. Dorian había colocado sobre la mesa todos los documentos encontrados en la casa de Seraphine, mientras Kael examinaba nuevamente la fotografía de la puerta metálica.
—¿Y si no habla de una llave física? —preguntó Talia.
—Podría referirse a una autorización —respondió Maelis—. En los registros antiguos, algunas personas t