La noche pareció volverse más fría después de aquellas palabras.
Amelia permaneció inmóvil junto a Kael en la terraza de la Casa Alfa, observándolo con atención.
El viento agitaba las copas de los árboles.
A lo lejos, las antorchas del centro de la manada brillaban como pequeños puntos dorados en la oscuridad.
Normalidad.
Rutina.
Seguridad.
Todo aquello que la gente creía tener.
Todo aquello que podía desaparecer si Kael estaba en lo cierto.
---
—¿Quién? —preguntó finalmente.
Kael no respondió