La mañana siguiente fue peor.
No por algún ataque.
No por una nueva sanción.
Por normalidad.
Una normalidad demasiado cuidadosa.
Demasiado observada.
Kael recorrió el territorio central como lo hacía siempre, pero esta vez sintió las conversaciones detenerse apenas aparecía. Los guerreros seguían inclinando la cabeza ante él. Nadie desobedecía órdenes. Nadie cuestionaba directamente su autoridad.
Y aun así, algo estaba roto.
Nairo caminaba inquieto bajo su piel.
Huelen a duda.
Sí.
Eso era lo má