Kael no la buscó de inmediato.
Esperó.
No por estrategia.
Por respeto.
Sentía el eco de su decisión todavía vibrando en el vínculo, firme, estable, como una nota sostenida que no necesitaba ser reforzada.
La encontró al anochecer, detrás de la casa alfa, donde el bosque comenzaba a espesarse y el aire olía a pino húmedo. Amelia estaba de pie, mirando hacia la línea oscura de los árboles.
No parecía alterada.
Parecía… centrada.
El vínculo reaccionó cuando él se acercó, pero no con urgencia. Fue