Kael estaba en el límite norte cuando ocurrió.
El entrenamiento había terminado hacía minutos, pero seguía allí, revisando las marcas territoriales, respirando el aire frío que descendía desde las montañas. Necesitaba distancia. Silencio. Algo que no fuera política.
Nairo estaba inquieto desde la mañana.
No era furia.
Era anticipación.
Algo va a cambiar, murmuraba.
Kael se agachó para tocar la tierra húmeda cuando el tirón llegó.
No fue dolor.
Fue expansión.
Como si alguien hubiera abierto una