Dorian no los estaba buscando.
Eso fue lo primero que se dijo a sí mismo cuando salió al patio trasero de la casa alfa. Necesitaba aire. Distancia del consejo. Distancia de las miradas que ahora lo medían como si pudieran calcular cuánto tiempo tardaría en perder estabilidad.
No esperaba verlos.
Pero los vio.
Amelia y Kael caminaban desde el límite del bosque. No estaban tomados de la mano. No había gestos explícitos. Ni sonrisas íntimas.
Caminaban lado a lado.
En sincronía.
Y eso fue suficient